Un millón de piedras

Segundo libro de viajes en moto que leo, aunque realmente la moto y el viaje son la excusa perfecta para conocer un poco a su autor Mikel Silvestre. El libro es una sucesión de pequeños relatos, anécdotas y reflexiones que Mikel nos cuenta a través de sus ojos sobre un maravilloso viaje por África.

Como os digo, si sólo fuese el relato de un viaje quizá no me habría gustado tanto, pero a lo mejor por seguir a Mikel a través de sus vídeos o porque me gusta pensar que en algunas cosas nos parecemos, he disfrutado mucho con su lectura.

Quizá el libro me ha gustado porque Mikel transmite pasión en lo que hace, porque parece un tipo honrado de los de vive y deja vivir, porque siempre le da una oportunidad al ser humano (aunque algunas veces no parezca merecerla), porque se exige mucho, porque tiene cojones, porque es generoso en lo material y en espiritual…

Quizá el libro me ha gustado porque es un libro acerca de las buenas personas, de la libertad y de la búsqueda de algo más que una hipoteca y un coche familiar. De sentirse vivo con mayúsculas y de conocer tus límites. De conseguir las recompensas que sólo se encuentran cuando de verdad te la juegas. De vivir el presente sin tener miedo al futuro y sin apego al pasado.

Es curioso que él diga que muchas veces no se reconoce en sus vídeos porque yo también he encontrado a un Mikel distinto en el libro. Quizá algo más agrio o menos divertido, depende del momento, pero también más libre y sincero.

En resumen, buen libro de viajes, magnífico libro sobre la vida y encima salen motos!!! 😉

PD: No se qué le gusta más a Mikel si la cerveza o la palabra dédalo en su acepción de laberinto. 😉

Un millón de piedras Book Cover Un millón de piedras
Mikel Silvestre
204

Un hombre harto, una moto, una tierra bella y pasmada. Con estos ingredientes Miquel Silvestre ha dejado por una vez sus relatos de irónico realismo y se ha embarcado en un viaje por África. Desde Nairobi a Ciudad del Cabo, desde Maseru a Maputo, ha recorrido quince mil kilómetros de selva, sabana y desierto: diez países, sobornos en las fronteras, ríos, montañas, antílopes, tres mil estrellas y la Costa de los Esqueletos. Mascó el miedo, escupió sangre y bebió mucha cerveza. Un viaje en solitario sin porteadores ni niñeras. Ha podido contarlo a pesar de las colitis, los bandidos y los huesos rotos, porque cuando viaja, un hombre solo suscita la piedad en todas partes. Con humor sarcástico, el autor más cyberpunk de la literatura ibérica dibuja en trazos sobrios y transparentes una tierra dura en la que la vida no vale nada y en donde la supervivencia del viajero depende de su ánimo inoxidable, de los decentes samaritanos y de la buena suerte. También de la rapidez de reflejos para poner pies en polvorosa en situaciones en las que se difuminan las fronteras entre estupidez y heroísmo. En estas páginas no están las nieves del Kilimanjaro, las puestas del sol en Serengeti, la fotogenia de los masai o la ferocidad de los zulúes. Tampoco hay complejo colonial de onegero ni regusto dulzón de memorias de baronesa Blixen al pie de las colinas de Ngong. Todo eso es sólo literatura o, como mucho, historia. Pero sí hay voces nativas que cuentan historias de una belleza sencilla en una de las zonas más descarnadas del planeta. Sin sentimentalismo y lleno de una poesía desnuda, el viajero se conmueve a veces y nos conmueve siempre.

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