Casi siempre que he leído un libro de William Gibson me he quedado desconcertado. Para empezar me abruma con demasiados términos y conceptos, en su mayoría inventados, que me hacen perder el ritmo de lectura ya que no me termino de enterar bien de lo que estoy leyendo.
En este caso no sólo ha pasado esto, sino que además la historia no ha terminado de engancharme en ningún momento. En otras ocasiones he releído sus libros y los he disfrutado de verdad, pero creo que con este no voy a hacer ni eso.
En fin, un libro que prometía mucho y que no me ha gustado en absoluto. Ha sido una auténtica tortura terminarlo.
La ficha del libro:
La máquina diferencial
William Gibson, Bruce Sterling
ISBN/ISSN: 8498002818-9788498002812
352 páginas
Rústica con solapas
1855. La Revolución Industrial está en pleno apogeo, impulsada por mecanismos cibernéticos de vapor. Charles Babbage perfecciona su máquina analítica y la era de la informática llega con un siglo de anticipación. Pero con el cambio llega la inestabilidad social: los luditas, grupo subversivo en contra de la tecnología, protagonizan desórdenes callejeros y hostigan a las clases dirigentes.
La aventura comienza cuando unas misteriosas tarjetas perforadas, de origen y propósito desconocidos, caen en manos del paleontólogo Edward ‘Leviatán’ Mallory. Descubrirá que alguien las busca con la suficiente desesperación como para ser capaz de matar por ellas...

Este reloj, que a algunos les resultará una gozada para la vista (si os gusta el estilo steampunk) desafía mi (limitada) comprensión. El mecanismo central es lo único que se aprecia, lo restante es espacio vacío y las agujas e indicadores.
Por si no es raro el que sea casi todo hueco, el mecanismo, además, se sostiene en medio de la nada únicamente por esa varilla que gira sobre sí misma, y que se supone transmite a las manecillas y ruedas su preciso movimiento desde el corazón del reloj.
Funciona gracias al peso que hay en la zona superior, generando energía cuando se produce un vaivén horizontal. Más imágenes después del salto.

