Las mujeres. Ah, las mujeres. Divinas criaturas de la creación. Rubias, morenas, pelirrojas, calvas. Prietas, turgentes, sueltas, desbordantes. Razonables, inflexibles, sumisas, dominantes, relajadas, histéricas, peludas. Amplio es el catálogo en las viñetas del señor. ¿Qué sería de los hombres sin las mujeres? A la bici sin duda le faltaría una rueda.
Fuente de alegrías y frustraciones, las mujeres suponen una parte importante de nuestras vidas, al menos de la mía. Alguna vez he escrito aquí de mis problemas con las mujeres. Hoy, por fin, después de media vida peleado con ellas, puedo decir que empiezo a hacer las paces. Fumemos la pipa de la paz, hagámonos unos masajes y echemos un polvo.
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Hace algún tiempo, tomando jamón y vino con mi padre, me preguntó: "Y a ti, además de follar, ¿qué te apasiona?". No supe qué decir más allá de admitirle que era, sin duda, una buena pregunta. Sigo dándole vueltas a la misma, y eso que ya han pasado unos cuantos meses. Sigo sin saber qué me apasiona, pero desde luego follar está en el top five. Después viene que me la chupen.